HISTORIA
Aqui podeis encontrar la historia de la fundación de nuestra hermandad escrita por Rafael Aranda en marzo 1.994, el cual falleció en Villacañas el 31 de marzo de 1.994 Jueves Santo.
Como se inició la Hermandad de San Juan Evangelista en Villacañas (Toledo)
Corría el año 1945. Año de grandes acontecimientos. Había terminado la segunda Guerra Mundial, y en este año, por primera vez en la historia de Villacañas, habían desfilado en sus procesiones de Semana Santa, penitentes ataviados con túnica y capirote: La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
El día 9 de Agosto, de este mismo año, y ya a la caída de la tarde, celebrábamos el cumpleaños del entonces Sr. Cura Párroco de Villacañas, D. Román Lobato García..
Éramos varios, entonces jóvenes, aunque no tanto el que suscribe ya que tenía veintidós años, pero joven. No recuerdo cuantos componíamos el grupo, pero sí de algunos, José Llorca Zapata (hoy fallecido) Ramón Prous Herranz, tal vez Aurelio Romero Prous y el que suscribe.
Salió a relucir el acontecimiento del año: los Nazarenos. Yo oía, pues no los había visto debido a que, en esas fechas, estaba cumpliendo mi servicio militar y bastante lejos de Villacañas.
Tomó la palabra D. Román y nos dijo. “En … (no recuerdo el pueblo en que estaba de párroco) había una Hermandad a los que denominaban “blanquillos” que vestían con túnica blanca, capirote rojo y fajín del mismo color ¿por qué no intentamos hacerla aquí? En cuanto haya unos veinte o veintidós apuntados, me los decís y encargo la imagen que pensemos. Yo os aconsejo que, debido a que será una Hermandad compuesta por jóvenes, sea San Juan Evangelista.
El domingo siguiente apareció en el cancel de la iglesia un cartel, bastante grande, con un penitente vestido con túnica blanca, capirote rojo y su correspondiente fajín, también rojo, con el siguiente texto “JÓVENES, APUNTAROS A LA HERMANDAD DE SAN JUAN EVANGELISTA. LUGAR DE SUSCRIPCIÓN, COMERCIO LOS CATALANES, PERSONA RAMÓN PROUS HERRANZ”.
Al lunes siguiente fui a hablar con Ramoncito –así llamado cariñosamente en todo el pueblo- y empecé a pertenecer a los “blanquillos” cosa de la estoy altamente orgulloso.
A los pocos días hicimos en casa un muñeco de unos
Transcurridos unos quince días, me llamó Ramón por teléfono al Ayuntamiento (lugar donde yo trabajaba), para que fuera a hablar con él.
Cuando me vio y muy contento me dijo “vamos a ver a D. Román, ya somos veinticuatro los apuntados”.
Llegados a casa del Sr. Cura y comunicado el número de los componentes, D. Román nos manifestó que encargaría la imagen en cuanto pudiera ir a Madrid.
Aunque no aparezca en ningún libro de actos, hay que agradecer al que un día fue Cura Párroco de Villacañas, D. Román Lobato García, ser el fundador de nuestra Hermandad.
De esta manera, tan simple y sencilla, fue como se fundó en Villacañas la Hermandad de San Juan Evangelista.
Empieza a moverse la Hermandad.
Confección de túnicas estandarte y faroles
En aquellos años las telas, como todo, andaba muy escasa y los comercios se surtían de “cupos” que les adjudicaban.
Pero tuvimos suerte. En el establecimiento (creo recordar) denominado “Casa Lobato” le adjudicaron un “cupo” de tela blanca a noventa céntimos de pesetas el metro. Ya se puede figurar que el “cupo” sirvió para hacer todas las túnicas de los “blanquillos”.
La tela roja para los capirotes y el fajín era un poco más cara, creo recordar que costaba a catorce pesetas el metro. Hacía falta para estas dos prendas, metro y medio de tela.
Como nota anecdótica reflejo en cuanto salía un hábito sanjuanista o blanquillo en el año 1945. Se medía desde la nuca al suelo. Esta medida se multiplicaba por tres y era la tela blanca precisa.
Habéis de daros cuenta que en el inicio de la Hermandad, no se llevaba capa. Ya llegará el momento de explicar cuando y como fue el añadir al hábito nuestra solemne y airosa capa.
Vamos a hacer un cálculo de cuánto costaba la tela de un hábito completo:
Medida de nuca a suelo: 1,70 x 3 =
5,10 x 0,90 = 45,90 pesetas total tela blanca
1,50 x 14 = 21,00 total pesetas tela roja
45,90 + 21,00 = 66,90 pesetas precio total de materiales para el hábito.
La confección costaba 30,00 pesetas.
De los recortes salía la cruz del capirote. No llevaba cáliz en el centro
Cortar las prendas necesarias era gratuito.
Estas túnicas solo nos sirvieron para este año, pues debido a la lluvia que nos cayó encima el Viernes Santo, se pusieron de barro hasta la cintura y, al lavarlas, se redujeron a la mitad. Al año siguiente, casi todos, nos las hicimos de “viscosilla” que era la clase de tela en la que estaban hechos los capirotes.
Había que hacer un estandarte y unos faroles para encabezar el desfile procesional.
Aurelio Romero, tenía un retal de moaré rojo de unos cincuenta centímetros de largo y unos
Se hizo un dibujo (igual que el actual) y sobre el moaré se bordó. Este bordado lo hizo Alfonsa López Villamayor, con seda lasa y bordeado de un hilo de oro que nos dio Ramón Prous.
Para hacer los faroles, que eran de hojalata pintados con purpurina dorada, compramos una lata de sardinas grande que costo 1,25 pesetas y con unas esquinas de latón repujado que tenía el abuelo de Aurelio, D. Ramón Prous Vallbona, de cuando hacían muebles antes de la guerra 1936-1939 en el comercio propiedad del dicho Sr. Prous. En este establecimiento vendían unas barras para cortinas; así se formaron los faroles.
Los cristales nos lo regaló Elías Sanz Temprado.
Quisimos grabar la cruz Sanjuanista en los cristales. No pudimos y nos conformamos con hacerlas de papel blanco de seda y pegarlas en los cristales. Para alumbrar pusimos una vela.
Constitución de la Junta de Gobierno
Encargada la Imagen y ya con una lista de los treinta hermanos, había que pensar en una Junta Directiva o Junta de Gobierno.
Un domingo (a principios de 1946) después de misa de doce, nos reunimos en la Sacristía, en la cual habíamos introducido unos bancos para estar cómodos y darle un poco de solemnidad al acto, ya que era el primero que se celebraba.
En la mesa presidencial, solamente estaba D. Román, el cual después de unas preces abrió el acto. Pronunció unos palabras haciéndonos ver como teníamos que comportarnos en la vida para que fuéramos el ejemplo y que sin dejar de ser jóvenes, fuéramos buenos cristianos y caritativos.
Acto seguido se procedió al nombramiento de la Junta de Gobierno.
A propuesta de Ramón Prous Herranz y previo el visto bueno de D. Román y de todos los asistentes quedó constituida por:
- Un Hermano Mayor (el mayor en edad de todos los componentes): Rafael Aranda Jordá.
- Un Secretario (el siguiente en edad): Aurelio Romero Prous, el cual, a la vez haría de Tesorero.
Esta fue la primera Junta de Gobierno que tuvo la Hermandad.
Ya había Junta de Gobierno
El tiempo pasaba y había que hacer varias cosas para que el desfile procesional, fuera por lo menos igual que la Semana Santa de 1945. Solamente con la variación de que, en lugar de ser por la tarde, se realizaría por la noche.
Constituida la Junta había que pensar en hacer algo para obtener algunos fondos. Pronto nos pusimos de acuerdo los dos componentes de ésta. Se pagaría al año como cuota veinticinco pesetas, y se acordó que la imprenta “Gutenberg” hiciera los correspondientes recibos y se pasaran al cobro.
La Imagen y los preparativos para la primera salida en procesión
Entre estos menesteres llegó la Imagen facturada como paquete equipaje. Fuimos a recogerla bastantes a la estación de ferrocarril. La Imagen, que ninguno de nosotros sabíamos como era, la llevamos a casa de D. Román, allí la descubrimos, como era natural, por la parte superior y ¡¡ que hermoso era !! nos quedamos todos parados, pero muy contentos ya que a decir verdad, era una talla verdaderamente hermosa.
Ya teníamos lo principal, la Imagen
También teníamos un pequeño estandarte, al cual llamamos “guión” y los faroles.
Había que vestir al santo. Aurelio, otra vez, surtió el material necesario. Un retal de forro color verde oscuro, que servía para la túnica y una tira de otro forro color rojo oscuro que serviría para manto. No eran las prendas muy elegantes, pero servían para cubrir la Imagen.
Venía ahora cómo y en qué poner a San Juan para llevarle; o sea, nos hacían falta unas andas
La Hermandad de San Antón palió el problema, nos las prestó. ¿Cuánto era el peso de la Imagen? Se pesó en una báscula y dio un peso de veinticinco kilos, no era mucho pero, añadiendo el peso de las andas y de la batería, era para todos nosotros, que no teníamos costumbre de cargar peso, una verdadera penitencia.
Se hicieron dos turnos por estaturas y a una distancia prudente se realizarían los turnos pertinentes. Esto fue pensado entre todos los que sabían y tenían más costumbre de cargar peso que nosotros dos.
Hacía falta, por lo menos, un tambor para que se desfilara un poco acorde con la marcha.
Otra vez Aurelio fue quien resolvió el problema. Habló con Francisco Martino Fernández que sabía de la existencia de unos tambores en el sótano de la casa en la que actualmente está el Mercado Municipal.
De entre todos, se pudo reconstruir uno aceptable con la ayuda de Luis García-Cid.
¿Quién hacía sonar el tambor? No recuerdo el nombre propio, pero los apellidos eran, Paniagua García-Plaza, un chaval muy jovencito, pero que puso todo su entusiasmo en este menester, el cual en la noche y con el leve sonido del tambor, invitaba a la meditación y al silencio.
También hacía falta un armazón para poder llevar el guión de cabeza. Nos lo prestó Lorenzo Aparicio Rivera el cual al año siguiente graciosamente nos lo regaló.
Por fin llegó la Semana de Pasión, entonces así llamada la semana antes de la Santa.
Casi todos fuimos a presenciar el desfile de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores y pedir a la Virgen que nos ayudara en nuestra nueva empresa.
Entonces las imágenes iban sin adornar, o sea que las flores brillaban por su ausencia.
Yo había presenciado los desfiles procesionales en Murcia y en Águilas (Murcia) y los pasos iban adornados con flores. San Juan no iba a ser menos.
Con los retales de la tela de cortar y coser las túnicas hicimos en mi casa una especie de varas con flores que pusimos en los cuatro ángulos de las andas. Por primera vez se ponían flores en los pasos de Semana Santa en Villacañas. La Hermandad de los blanquillos ponía la primera “pica” implantando el adorno floral en las andas.
Se acordó, entre todos, que el Jueves Santo saldría la Hermandad de la Ermita de San Roque y allí nos pondríamos el hábito.
Las procesiones en Villacañas hasta este año de 1946, se habían celebrado por la tarde. Después de algunas reuniones y con la ayuda de D. Román, se acordó celebrarlas por la noche. Costó este acuerdo, pues de todos es sabido que en los pueblos las costumbres son leyes. Pero se consiguió.
Debido a este cambio de horario fue el acuerdo de ponernos el hábito en la Ermita de San Roque ya que como aún no habíamos sido vistos por la calle se podría dar algún sobresalto a algún despistado. Así ocurrió. Al hermano Félix Badía Molina se le ocurrió ponerse el hábito en su domicilio y cuando llegó a la esquina de la calle de la Virgen, a unas señoras que bajaban por dicha calle en dirección a la Iglesia las dio un gran susto. Félix tenía una buena estatura y vestido de blanco, lo que menos se suponían es que fuera uno que iba a formar en la procesión. Todo quedó en un simpático sobresalto que después fue comentado con agrado.
Primera salida en procesión, Jueves Santo de 1946
A las diez menos cuarto de la noche del Jueves Santo de 1946 salía, por la puerta de la Ermita de San Roque, la Hermandad de San Juan Evangelista.
Los nervios estaban a flor de piel, pero el orden, silencio y recogimiento era modélico. El tamborcillo cumplía a la perfección y la calle de la Iglesia estaba llena de público, contemplando la imagen de San Juan que, aunque débilmente iluminado, era un acontecimiento rompiendo la costumbre de celebrar las procesiones por la tarde y con la costumbre de que los niños rodeando la Cruz Parroquial iniciaran la marcha, pidiendo agua en voz en grito.
El alumbrado de los penitentes de la Hermandad este año, fue una simple vela que produjo infinidad de goterones de cera en todas las túnicas, por tal motivo, al año siguiente, se pensó en una nueva iluminación.
Pasada la Semana Santa y recogidas las opiniones de los hermanos y de algunos simpatizantes, que aunque pertenecientes a otras hermandades miraban con simpatía a la nueva Hermandad, nos reunimos para poder subsanar cuantas deficiencias habíamos observado.
Confección de las andas e introducción de algunas novedades
Terminada la Semana Santa de 1946 había que empezar a preparar la siguiente. Lo primero era hacer unas andas. No teníamos casi dinero, pero…
Queríamos unas andas iluminadas y con los palos para portarlas unos más altos que los otros, nos era igual que fueran los delanteros o los traseros y que, también fueran de longitud suficiente para poder portar las andas ocho hermanos, en lugar de los tradicionales cuatro.
Quedamos en que yo hiciera el dibujo de las andas y Aurelio sería el encargado de la iluminación. Y así se realizó.
Para hacer las cosas como deben hacerse y que no nos tildaran de que habíamos designado “a dedo” a ninguno de los ebanistas que había en el pueblo, se les dio a cada uno un dibujo y un proyecto explicando las características que deseábamos. Estos ebanistas fueron Santos Carmona y Miguel García-Mochales (padre), dándoles quince días para que nos dieran el presupuesto.
Transcurridos estos días, recibimos, en sobre cerrado, los dos presupuestos. Se le adjudicó a Miguel García Mochales por ser el más asequible a nuestra situación económica. Y dieron comienzo a construir las andas encargadas.
Como las madres de los hermanos se habían enfadado mucho, debido a los goterones de cera en las túnicas, se ideó el hacer unos cirios que, alimentados por pilas, iluminaran pero no mancharan.
Estos cirios se puede decir con absoluta certeza que fueron ideados por Aurelio Romero en la parte eléctrica y en la parte de madera por Miguel García-Mochales. Yo, por motivo de los preparativos de mi cercana boda, solamente ayudé a la pintura aunque si dí mi ayuda moral y entusiasta.
Con todos estos quehaceres llegó la Semana Santa de 1947.
Lección de humildad
Todos estábamos muy contentos con nuestras andas cuya parte superior estaba totalmente iluminada y con un reflector delantero que iluminaba la parte delantera de la Imagen.
Llevamos las andas a la Ermita de San Roque, lugar del que tenía que salir la Hermandad. Probamos la luz un poquito, poco, para no gastar la batería que nos había prestado Francisco Novillo (Paco, el chofer). Se repartieron los cirios y esperamos hasta la hora prevista, las 10 menos cuarto de la noche.
Llegó la hora, formó la Hermandad como el año anterior y se iluminaron las andas. ¡¡Desilusión!!. Se fue bajando la luz hasta quedar apagadas. Probaron a reducir la iluminación. Lo mismo. Se iluminaban unos segundos y se apagaban.
Después de recibir varios avisos de la Parroquia y previa discusión si se asistía a la procesión o no, el buen criterio de los directivos y con las orejas bien agachadas, llegamos a la Iglesia. Había de todo, lamentaciones y risitas pero… nuestra soberbia de ser los mejores en espectacularidad nos llevó a este fracaso.
Yo, que sufrí el fracaso como Hermano Mayor, ruego a cuantos componentes de la Junta de Gobierno ahora y en lo sucesivo, no caer en este pecado de soberbia. Procurar ser los primeros en ideas y realidades para nunca decir “no hay quien nos gane, somos los mejores”. Dios castiga el pecado de soberbia.
Llegó el Viernes Santo. Entonces se dejaban las imágenes sobre los bancos de la Iglesia y a las once u once y media de la mañana –los Oficios se celebraban por la mañana- ya se estaba trabajando para saber la causa del desaguisado del día anterior. Se llamó a Paco el chofer y después de pruebas y más pruebas, se pudo comprobar que consistía en que la batería al estar usada, formaba como una especie de nata, la cual, producía la suficiente energía para arrancar un vehículo pero, no tenía una carga completa, y por lo tanto solamente producía esa energía unos segundos, tal vez, un par de minutos. La batería que poníamos y que pusimos el año anterior era de 6 voltios, insuficiente para el consumo necesario. ¿Qué hacer? Poner una batería de doble capacidad. Bueno, adelante.
Llevaron una batería de 12 voltios, era muy grande y pesaba una enormidad.
Puesta sobre las andas, levantamos éstas para ver cuanto pesaban. Con ocho personas pesaba aquello cosa horrible. Pensamos: hoy la carrera es corta y ya veremos lo que ocurre. Salió la procesión e hicimos la carrera pero terminamos todos doblados y no digamos la procesión del Domingo de Resurrección; yo creía, después del Encuentro, que los varales saldrían disparados y más cuando la tomaron ocho blanquillos forzudos, entre ellos José Sesmero Privado y me dijeron “hasta el Altar”. Allí llegaron empapados de sudor y gracias a ellos, pues de otra manera no se lo que hubiera pasado.
Esta anécdota he querido dejarla bien explicada para que no sea repetida.
Los cirios eléctricos dieron resultado y más económicamente, debido a que en el año 1946, también los más jóvenes componentes de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores, habían vestido túnica negra y capirote morado y les había pasado lo mismo que a nosotros con las velas y habiendo sido informados por D. Román que los blanquillos habían ideado unos cirios eléctricos, se pusieron al habla con nosotros y nos hicieron el encargo de los cirios eléctricos necesarios para ellos. Se hicieron y se los vendimos un poquito más caros que nos habían costado a nosotros.
Dios nos dio una alegría –negocio de los cirios- y un escarmiento –las andas-.
Pasada la Semana Santa y previa reunión de la Junta y varios hermanos colaboradores que aunque no tenían cargo, ayudaban cuando podían, y repasado lo que pesaban las andas y los problemas que ocasionaba su transporte, se pensó en hacer una carroza.
Cuando este acuerdo llegó a la “Vox pópuli” nos pusieron… lo mejor que dijeron fue que éramos unos vagos y unos impenitentes.
Consultamos el caso con nuestro “pararrayos” D. Román, y su contestación fue “adelante, al año próximo todo irá sobre ruedas” y así fue. Al año siguiente, es decir, el año 1949 y comprobado lo cómodo y práctico que era llevar las imágenes sobre ruedas, todas o casi todas las imágenes iban sobre carrozas. No había inconveniente en poner más baterías y, por lo tanto se podía poner más alumbrado. También en este año se ideó que San Juan se inclinara.
Habíamos observado que al efectuarse el Domingo de Resurrección el Santo Encuentro, al hacer las inclinaciones, había que realizarlas bajando los brazos delanteros, con lo cual San Juan, tieso como un palo, parecía que iba a dar con el rostro en el suelo, en fin hacía horrible ese movimiento.
Como siempre, se consultó con D. Román y nos manifestó “si ese movimiento no va a producir risa o acto irreverente, hacerlo”. Ante esta contestación, se hizo una especie de maqueta y fuimos a presentársela. La miró y observó su funcionamiento. Le agradó y nos dio su beneplácito. Manos a la obra.
Se trasladó a San Juan hasta el lugar oportuno, el taller de Miguel o al domicilio de su tía Gregoria, no recuerdo donde, ya que yo no estaba presente en este acto.
Eso sí, se había estudiado la “anatomía” de San Juan, ahí si estaba yo, y observamos que estaba construida por un bloque de madera que desde la cabeza llegaba a la cintura, desde la cintura hasta abajo era contrachapado. Había que cortar por la cintura a San Juan.
Tras pedir perdón a San Juan –palabras textuales de Aurelio- tomó una lezna y pinchando en la espalda precisamente en la cintura dijo “por aquí”.
Por ese lugar fue serrado y fue el lugar exacto donde se unía el bloque con el contrachapado.
En la espalda se le fijó un fuerte muelle y en la parte delantera una barra que llegando a la media luna de la barra en la que está la palanca, produce que se incline y resulta tan real la inclinación.
Así termina el segundo año de vida de nuestra Hermandad.
San Juan sobre ruedas y primera inclinación
Llegó el año 1949 y lo primero en que se pensó fue hacer la carroza, bueno una cosa en la que se pudieran poner las andas y nos evitáramos el tener que transportarlas a hombros.
También se pensó quitar la parte interior de las andas que estaban construidas con madera de haya y cambiarlas por madera de pino para poder quitar algo de peso.
Había en la plazoleta de la Iglesia unos grandes y gruesos árboles de acacia y que cuando se pavimentó un poco esta plazoleta, habían quitado. Los troncos los tenía D. Román en la portada o patio.
Como el dinero no era mucho. D. Román nos ofreció esos troncos y previo acuerdo con Miguel quedamos en que él haría el armazón de la carroza con madera ya seca y se quedaría con los troncos de acacia que D. Román nos regaló.
Todo el mecanismo de conducción y ruedas fue dirigido por Aurelio, a mí me tocó la confección de la tela que rodeaba la carroza.
Era de tela de “viscosilla” color rojo y en los laterales, frente y trasera la cruz Sanjuanista. Formaba el recuadro de los laterales, frente y trasera una cinta blanca. No podría ser más sencilla nuestra carroza.
Las ruedas fueron prestadas por Natalio Jiménez Molina de un antiguo coche, ya en desuso modelo T de la casa Ford, creo que así se llamaba. Llegó la Semana Santa y salió el primer paso, Ntro. Padre Jesús Nazareno, a hombros. Seguidamente nosotros –la Hermandad de la Magdalena se fundó al año siguiente-. Al llegar ante la Puerta del Sol, lugar por donde salía la procesión, salió la Hermandad y al llegar San Juan a la puerta, por la altura que tenía al ir sobre la carroza, no cabía por ella. Se manipuló la palanca e inclinándose salió perfectamente traspasando toda la puerta limpiamente. Fue un acontecimiento. Cosas de los blanquillos, decían.
En el año transcurrido entre la Semana Santa de
Fue bastante el hacer una carroza que aunque muy sencilla, al fin y al cabo carroza que, sentó unos precedentes y que produjo que al año siguiente todo se realizara sobre ruedas.
También creo, que en este año se puso el cáliz en nuestro emblema, debido a una sugerencia de D. Román, pues debido a que era igual al de la Cruz de Malta y que San Juan en algunas pinturas le ponían un cáliz en las manos, creía oportuno variar el emblema poniendo el cáliz en el centro, y así se tomo el acuerdo y se hizo.
Tampoco recuerdo la fecha en que se amplió la Junta Directiva, nombrando como Tesorero a José Llorca Zapata y a cuatro Mayordomos entre ellos a Félix Badía Molina, Miguel García-Mochales Simón, este último procedente de la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno.
También se hicieron los Estatutos impresos dando a cada hermano un ejemplar como asimismo, una fotografía de San Juan, pensando hacer la Toma de Hábito con toda solemnidad, cosa que hasta la fecha no se ha realizado.
Como ya he mencionado anteriormente, en Junio de 1949 fue padre por segunda vez. Nació mi hija Julia que desde siempre fue una gran admiradora de los blanquillos. Era una niña y no podía ser Sanjuanista. Hoy día lo es y no solamente ella, sino que lo son también su marido e hija.
La capa pasa a formar parte del hábito de la Hermandad
No recuerdo exactamente en qué año nos pusimos por primera vez la capa, pero sí recuerdo como surgió.
Llegó un día Aurelio a casa y me manifestó que le había dicho D. Román que en la próxima Semana Santa, los Nazarenos iban a sacar capas.
Todas las Hermandades procurábamos sacar alguna cosa nueva en la Semana Santa, bien más flores de tela o plástico adornando las carrozas, nueva iluminación, etc.
Por lo cual cuando pasaba Navidad la pregunta era ¿qué vais a sacar de nuevo este año? No lo sabíamos. Teníamos proyectos eso sí, muchos proyectos, pero como siempre muy poco dinero. Sigamos con la historia de las capas.
Le pregunté si tenía tela que sirviera para confeccionar capas. Llevó a casa una pieza de “viscosilla” blanca, ya empezada y tomando un trozo de papel de embalar con la longitud de la altura de Aurelio, al igual que para el cálculo de la túnica, y ancho de la tela, hice un patrón de papel y cortando unas nesgas, para darle más vuelo, desde la mitad hacia arriba dejando un trozo, entre nesga y nesga, para el escote de la capa.
Medimos la tela, había para dos capas y no había tiempo para hacer un pedido de tela para confeccionar más, convocamos una Junta General, para saber si toda la Hermandad estaba de acuerdo con llevarla. Nos dieron el visto bueno y pusimos manos a la obra para hacer las dos capas. Como los componentes de la Junta éramos dos, acordamos ponérnoslas nosotros y así observar el efecto que producía en el resto de la Hermandad.
El resultado fue magnífico y desde el año siguiente a estos hechos, quedó implantada la capa en el hábito Sanjuanista.
De la capa de los Nazarenos, nada más se supo, tal vez echaron marcha atrás o D. Román nos dijo aquello para “pincharnos”.
Así año tras año llegó, creo, el año 1955. Este fue de grandes acontecimientos.
Yo he sido, y sigo siendo muy casero. Me han gustado mucho los trabajos manuales y siempre he estado haciendo pruebas. Algunas veces no han salido bien y las he desterrado pero otras veces me han salido bien y se han aplicado, a lo que podemos decir, grande obras.
Una tarde de domingo, que hacía un frío que pelaba, estaba en casa probando hacer un molde con parafina de la cara de un muñeco.
Llegó Aurelio a cambiar impresiones sobre otro asunto que traíamos entre manos y que queríamos realizar ese año o a lo más tardar el próximo. Era hacer una carroza en debidas condiciones y en consonancia con el carácter que la Hermandad iba tomando. ¿Qué haces?, me pregunto.
Mira, estoy probando a ver si saco el molde de cera de la cara de este muñeco.
Lo tomó en la mano y me dijo. “vamos a hacer la cara con la escayola que tienes preparada”.
Buenos, vamos con ello.
Hicimos el vaciado y resultó bien, salían las facciones igual que las del muñeco y entonces me propuso ¿por qué no probamos a hacer el paso de la Entrada Triunfal en Jerusalén?
Me quedé de una pieza. Aquello era superior a mis conocimientos escultóricos.
¿Cómo hacerlo? La Imagen, o sea la cara, si D. Román lo permite, podemos sacarla de la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Vamos a terminar esta cara y vámonos a hablar con D. Román.
Con un pulverizador y pintura al óleo, muy diluido, terminamos la cara y aún húmeda, nos fuimos a hablar con D. Román.
Llegamos y nos preguntó que cual era el motivo de nuestra visita, ya que al ir los dos, sabía que era para pedirle algo. Algunas veces nos temía.
Aurelio tomó la palabra y le expuso el motivo de la visita. Lo primero que hizo D. Román fue soltar una carcajada, pero al ver la cara del muñeco, la tomó y mirándonos, con esa mirada profunda que los sacerdotes, no todos, saben poner nos dijo, “por mi parte tenéis la imagen del Sagrado Corazón a vuestra disposición pero, eso sí, ir estudiando el caso y si os decidís, no le digáis a nadie lo que vais a hacer. Cuando yo lo estime conveniente lo diré”.
Le contestamos que necesitábamos algún colaborador más, pues nosotros solos no podíamos hacer algunas cosas, “bien, a cuantos menos mejor”, nos dijo.
Tenía el comerciante en ultramarinos, Antonio García-Argudo Alonso, un borriquillo rucio que uncía al carro que empleaba para hacer sus transportes. Era de una estampa estupenda.
Hablamos con un fotógrafo que había entonces en Villacañas, Alejandro Diges, fotógrafo que antes de dedicarse a la fotografía de estudio, había sido restaurador de imágenes. Como puede suponerse, en esos momentos y para lo que proyectábamos, una joya.
En la portada de Antonio García-Argudo, se realizó el acontecimiento.
Sacó al borriquillo, Aurelio lo tomó por el ramal y haciendo andar al animal iba dando vueltas por la portada, Diges detrás haciendo fotos. Era un cuadro digno de un tomavistas. Entonces no existían.
Reveladas las fotos y tomadas las medidas de alzada del borriquillo, se cuadriculó la fotografía elegida como así mismo y con las proporciones debidas, un gran papel de embalar, en el cual plasmamos las medidas exactas del animal.
Nosotros queríamos, y así se hizo, que el burro, aún teniendo cuatro puntos de apoyo, pareciera que tenía tres y que en la barriga no tuviera ningún soporte de sujeción con la peana.
Para esto se tenía que hacer un esqueleto o chasis de hierro.
Se habló con Antonio Montoya Perdido (Toni Montoya) el cual nos dijo que lo mejor era hacerlo de tubo de hierro que se podía comprar al chatarrero. Como le manifestamos que era un asunto reservado, él se encargó de adquirir el tubo más apropiado y como en el taller le compraban muchas veces tubos y otras cosas, no despertaría curiosidad por parte de nadie. Y así se realizó.
Todo esto ocurría en el invierno.
Como mientras se hacía el esqueleto del borriquillo, estábamos inactivos, pensamos en hacer la carroza ideada.
El padre de Miguel, que también tenía el mismo nombre, era un perfecto ebanista que tallaba a las mil maravillas la madera. Un gran artista.
Como siempre que había que dibujar, me tocaba a mí.
Se hizo el dibujo a escala natural y comisionamos a Miguel (hijo) para desplazarse a Madrid y adquirir la madera más idónea para hacer las tallas de madera para la carroza.
A los dos días volvió con la madera ya recortada y junto con los dos muchachos que tenía en el taller de operarios, se pusieron a trabajar en las tallas.
Estos, entonces muchachos, era Gonzalo (ignoro los apellidos) y José Copado García. Trabajaban después de la jornada normal en casa de la tía de Miguel.
Esta señora tenía como huésped de honor a la imagen de San Juan, como asimismo, la ropa y el guión y lo guardaba como oro en paño.
Habiéndonos metido en quehaceres muy superiores a nuestras posibilidades económicas, tuvimos que pedir a esta señora un préstamo, consistente en la cantidad de dos mil quinientas pesetas, que gustosamente nos concedió.
Mientras tanto, en casa, en una pequeña cocina que había con puerta al patio, por las noches Aurelio y yo íbamos dado forma al borriquillo.
Le rogamos al veterinario D. Gregorio Zaragoza López-Gasco, que nos orientara de cómo eran las características de los burros y él con un entusiasmo sin igual, nos acarreó del quemadero, cuatro cascos de burro naturales y un cráneo. El cráneo tuvimos que meterlo en cal disuelta en muy poco agua y tenerlo allí unos ocho días pues el olor que desprendía era bastante fuerte.
Iba por aquel entonces al Ayuntamiento, a limpiar las máquinas de escribir, un señor llamado Manolo y que residía en Alcazar de San Juan y por medio de dicho señor, nos enviaron un par de sacos de escayola por el precio de treinta pesetas saco, que por cierto creo que no nos los cobró.
Las herramientas que teníamos eran de risa: un trozo de sierra circular, de unos diez cms. de largo, un extremo se redondeó y el otro extremo se le hizo un poco de punta. También teníamos un cuchillo viejo que había en casa, ya en desuso, y por último un estropajo de esparto y un cepillo de raíces.
Por aquellos días habían hecho limpieza en el Ayuntamiento e iban a tirar unas bombillas de tamaño medio y esféricas. Como dato curioso diré que estas bombillas de cristal amarillo y no pintado, procedían de un letrero que pusieron en el balcón principal del Ayuntamiento en el año 1932, cuya inscripción era “Viva la República”. Estas bombillas las recogí con destino a iluminar mi Belén por Navidad y por ello estaban en mi casa.
El sistema que se empleaba era el de echar escayola y raspar hasta que se conseguía la forma deseada. Estas raspaduras caían al suelo, suelo que había que limpiar por la mañana para estar limpio por la noche.
Esta labor las tocaba a mi hija Julia y a una señora ya mayor que estaba en casa y cuyo nombre era Caya. Así día, tras día iba tomando forma nuestro querido borriquillo.
Por rabo le pusimos una maroma de esparto impregnada de escayola, cuyo extremo había sido debidamente deshecho.
Para que quedara fuertemente sujeto y sirviera de agarre en el transporte, esta maroma fue envuelta con un grueso alambre y liado a una pata trasera.
El cráneo bien limpio de cal y sin casi olor, fue colocado en su lugar correspondiente poniéndole por ojos las dos bombillas amarillas.
Estas bombillas fueron tratadas para que el interior quedara libre de filamento, para lo cual, se quitó el culote de contacto y se sacó el filamento, pintándolas con tinta negra de imprenta facilitada por la imprenta Gutenberg.
Las orejas eran de tela metálica, de la llamada mosquitera, cubiertas de escayola.
Para imitar el pelo, se empleó el cepillo de raíces impregnado de escayola algo líquida.
La pintura empleada fue óleo, previo recubrimiento con una capa de cola de conejo muy fluida.
Ya estaba casi hecho el borriquillo, ahora había que pensar en la Imagen.
Como el origen había sido hacer un molde de cera de la cara de un muñeco y había resultado, acordamos hacer los moldes para hacer la Imagen de la misma manera.
Como no teníamos cera, hablamos con Antonio García (Antonio el campanero) entonces Sacristán de la Parroquia para que, a modo de préstamo, nos permitiera tomar la cera que él guardaba y después vendía, de los ciriales que ponían alrededor del túmulo en las misas de difuntos.
Nos dio su beneplácito y la llevamos a casa. En un bote de tomate de cinco kilos, vacío y limpio de bordes, fundimos la cera y en la mesa con la encimera de piedra artificial, hicimos unos bordes de yeso blanco, no escayola, a modo de piscina y vertimos la cera fundida. Obtuvimos unas planchas de unos dos centímetros de grueso por unos cuarenta por treinta de lado.
Una noche después de cenar, nos personamos en la Sacristía, creo recordar, Aurelio, su hermano Eduardo, su primo Pepe Molina y yo. Si he omitido a alguien, que me perdone.
Bajamos del Altar al Sagrado Corazón de Jesús y tumbándole, le embadurnamos bien de vaselina estéril.
En un infiernillo eléctrico, bastante grande, calentamos la plancha de cera, se la aplicamos a la cara y presionamos para sacar bien el molde y lo dejamos que se enfriara por completo.
Llegado este momento, se la retiramos con mucho cuidado, dejándola a un lado.
Dimos vuelta a la Imagen y del mismo modo, sacamos la parte posterior.
Hacían falta las manos y los pies.
La derecha se podía sacar del Sagrado Corazón, pero la izquierda imposible, así que decidimos sacar el molde de la mano izquierda de San Juan. Los pies fueron los míos los que sirvieron de modelo.
Para sacar los moldes de las manos, se recurrió al sistema “del hilo”. Esto es: se pone un hilo resistente por el centro exterior del objeto que se desea reproducir, pegándolo ligeramente para sujetar y después se pueda desprender fácilmente. Se sumerge varias veces el objeto, en este caso la mano, previamente untada de vaselina, en cera fundida. Cuando haya adquirido una regular capa de cera, se deja enfriar y sujetando un extremo del hilo y tirando del otro extremo, se va cortando la cera. Cuando se llega el final, queda el molde dividido en dos piezas.
Así se realizó con las dos manos.
Con los pies fue sencillamente una plancha de cera puesta sobre éstos y presionando, claro está, previamente untados con vaselina
En las manos se les puso unos alambres, por dentro, para darles consistencia y sacamos el vaciado con escayola, introduciendo por la “tobera” o sea, el lugar por donde se vierte la escayola, un palo o tablilla para poder unir la mano al brazo.
La unión de las dos piezas que formaban la mano, se realizó pasando un gancho de la lumbre candente, no al rojo, sino calentado algo.
Preparamos la parte de la cara para poner lo ojos de cristal que habíamos comprado en una casa que vendían imágenes, llamada “La Fortuna”, sita en la calle de Hortaleza nº 9 de Madrid, hoy desaparecida.
Unida la parte delantera con la trasera, o sea, cara con nuca y encomendándonos a toda la Corte Celestial, vertimos la escayola por el cuello, introduciendo un grueso taco de madera por este orificio a modo de espina dorsal.
La espera se hizo larga pero cuando quitamos la cera, vimos, con mucha alegría que era una bonita cabeza y sobre todo, los ojos en su lugar perfecto y mirando al infinito.
Había que hacer el cuerpo proporcionado a la cabeza. ¿Quién tenía la talla ideal? Le tocó a Miguel. Sacamos el burro al patio de casa y montamos a Miguel en él tomando la posición que tenía que llevar la Imagen. Era casi imposible tomar las medidas. Miguel se reía y claro se movía y yo que le tomaba medidas casi no podía coger bien el metro. Entre risas y más risas, pudimos por fin terminar.
Como el tiempo apremiaba, se improvisó un cuerpo hecho de tiras de madera cubierto de viruta y envuelto con tiras de tela, al igual que las momias; la idea fue reforzarlo con escayola al siguiente año. Hay que reconocer que este fue nuestro error, no haberlo terminado por completo, si así hubiera sido, tal vez existiera en la actualidad.
La pintura de la Imagen, no pude realizarla como hubiera sido mi deseo, me enviaron como Comisionado del Ayuntamiento, a efectuar la incorporación de los quintos correspondientes a aquel reemplazo.
La decoración la realizaron y por cierto a la más absoluta perfección, Antonia Badía Molina y Sagrario Cepeda Roldán.
La carroza se había terminado y había quedado perfecta y única en Villacañas y así sigue siendo.
D. Román no cabía en sí de gozo y en la septena de la Virgen de los Dolores, lo manifestó, desfilando por casa todos los asistentes a este acto religioso, aunque solamente se podía ver el borriquillo, la Imagen la estaban pintando. Bien es verdad que al ser habitantes de un pueblo entonces eminentemente agrícola, entendían más de borriquillos que de imágenes, aunque a éstas las hubiera hecho Miguel-Ángel.
Por fin llegó el sábado de pasión o sea el anterior al Domingo de Ramos.
Se llevó la carroza y la Imagen a la Iglesia, instalándola encima de la carroza. Para cubrir la superficie que quedaba libre, se hicieron unos bastidores que debidamente cubiertos con corteza de árboles daban un aspecto de piedras, seguidamente se cubrió de ramas de olivo.
En aquellos tiempos, el Ayuntamiento regalaba una palma a cada Concejal y funcionario.
La Hermandad había traído varias, según las peticiones, y aunque no fueron muchas si las suficientes para dar esplendor a la procesión.
Como caso anecdótico puedo decir que el sábado cuando ya estaba puesta la Imagen sobre la carroza, estaba yo mirando las faldillas de ésta agachado y embebido en lo que esta haciendo, cuando una “ducha” de agua fresquita caía sobre mi cabeza. Se levanté y vi a D. Román que había rociado de agua bendita la Imagen, previa bendición.
Por fin llegó el Domingo de Ramos. La Hermandad al completo formó con túnica, capa y capirote, el traje completo y tras la preceptiva bendición de palmas y olivo, asistiendo por el Ilmo. Ayuntamiento al completo, se inició la procesión que presidía D. Román y sus dos coadjutores con ornamentos muy elegantes. El recorrido fue el mismo que se hacía el Viernes Santo.
La calle estaba llena de gente muy orgullosa de su nuevo paso al que siempre recordó con un gran cariño “su paso de la Borriquilla”. Llegados a la Iglesia y después de la Misa cantada, pasamos a saludar a D. Román, que nos manifestó “podéis estar orgullosos de vuestra obra”, tanto Aurelio como yo, le contestamos “si no hubiéramos ido con la cara tapada y dentro del anonimato, hubiéramos dado la vuelta, no merece tanto elogio nuestra obra”. D. Román contestó “el pueblo manifiesta lo que siente, gracias y que Dios os lo pague”. Nos chafó por completo.
Aquel mismo año, el Jueves y Viernes Santo se trajo de Toledo una Banda de trompetas y tambores que había pertenecido a la O.J.E. que aunque ya desaparecida la Organización aun se reunían en algunas ocasiones para asistir a determinados actos.
No quiero tener honores que no me corresponden en justicia. Esto es. Quien verdaderamente talló, esculpió o como queramos llamar, en resumen, formó esa maravilla del BORRIQUILLO, así con mayúsculas, fue Aurelio, a mí me tocó amasar y hacer el pelo, con el cepillo de raíces y cuando estuvo seco, pintarlo. Siempre lo he dicho y es la pura verdad.
Creo recordar, que en este mismo año se confeccionó y bordó la túnica y el manto de San Juan. Lo confeccionó y bordó mi esposa Mª Cruz Zaragoza de la Antonia. Se empleó el material de metal de la mejor calidad, aunque la pedrería no son gemas de calidad auténtica, están muy bien logradas, creo que es un producto fabricado en Checoslovaquia.
Del importe de la tela no me acuerdo, pero el importe de la confección y del bordado, incluidos materiales, fue de dos mil quinientas pesetas. Se hizo en Villacañas, si se hubiera hecho en otro lugar, no hubiera sido este su importe.
Esto es en sí la historia de los primeros años de fundación de nuestra Hermandad. Puede ser que se me haya olvidado alguna cosa, tal vez las más importantes pero no las principales.
Estaba seguro de mi cambio de residencia a Madrid, por este motivo en la Semana Santa del año 1965, llevé el guión los dos días y los faroles los portaron Victoriano Huertas Castro y Luis Manuel Roldán Zaragoza. Tal vez ellos no se acuerden de este hecho pero a mí, hay detalles de solidaridad que no se me olvidan.
Observareis que no digo nada de la procesión de los petardos. Nunca fue de mi agrado, solamente pedía permiso para realizar la “petardada” al Concejal de Seguridad, lo demás quedaba para los que le agradaba y querían que así fuese. Gracias a la Junta Rectora actual por no tirar petardos, dejarlo para las fiestas cívicas, no religiosas.
Ahora vosotros continuar esta historia rellenando la laguna existente desde el año 1965 hasta el compás de espera que hubo y desde el año 1991 en que de nuevo surge con o más brío que el que os legamos.
ANECDATARIO
- La Hermandad de San Juan Evangelista en Villacañas, se fundó en el verano de 1945 con 24 hermanos
- La tela de los primeros hábitos (sin capa) costaba 66,90 pesetas. La confección 30 pesetas. Cortar las prendas necesarias era gratis.
- El primer estandarte se realizó con un retal de moaré rojo de unos
- Los primeros faroles eran de hojalata pintados con purpurina dorada y se hicieron de una lata de sardinas que costó 1,25 pesetas.
- El importe de las primeras cuotas era de 25 pesetas.
- La imagen de San Juan Evangelista pesa unos 25 kilos.
- La primera procesión en la que desfiló la Hermandad de San Juan Evangelista en Villacañas fue en el año 1946. Salió de la Ermita de San Roque.
- Las primeras prendas que lució San Juan eran de forro, color verde oscuro para la túnica y rojo oscuro la capa.
- San Juan, en el año 1946 fue el primero en ir adornado con flores. Las primeras fueron de tela realizadas con los retales sobrantes de cortar las túnicas y capas de los hermanos.
- En el año 1946 se implantó la procesión de Semana Santa por la noche. Hasta ese año se realizaba por la tarde
- En el año 1947 fue la primera vez que se desfiló con cirios alimentados con pilas. El año anterior se desfiló con velas y las túnicas quedaron llenas de goterones de cera.
- La primera vez que San Juan desfiló en carroza fue en el año 1949.
- En el año 1949 salió la Hermandad desde la Iglesia por la Puerta del Sol, al llegar San Juan a la puerta y debido a la altura que tenía por ir encima de la carroza, se inclinó y salió sin ninguna dificultad. También fue la primera vez que hizo la reverencia a la Virgen en la procesión del Encuentro.
- En 1955 se ideó hacer el paso de la Entrada Triunfal a Jerusalén (el Paso de la Borriquilla). Se llevó a cabo en el transcurso de ese año construyéndose en su totalidad por varios hermanos pertenecientes a la Hermandad.
- En 1956 salió a la calle por primera vez el paso de la Entrada Triunfal a Jerusalén.
- La carroza en la que actualmente sale en procesión San Juan, fue tallada entre los años 1955 y 1956. en el año 1956 ya desfiló por las calles del pueblo.
- La túnica y capa que luce San Juan en las distintas procesiones, se confeccionó y bordó el año 1956 pagándose por ello la cantidad de 2.500 ptas.